jueves, 19 de enero de 2012

19/01/2012

Caminaba por uno de esas cosas que detesto pero no puedo evitar darle una visita de vez en cuando, sobre todo cuando me van a dar dinero, un centro comercial.

Creo que empiezo -o tal vez siempre lo he sido- a convertirme en algo que simplemente no me agrada, un pretencioso y tal vez la máxima prueba es ésto. Tal vez es algo por lo que pasamos todos pero creo que yo me estoy quedando atorado, no sé, no sé si todos se han detenido un momento y ver todo lo que pasa alrededor y subestimarlo todo, queriendo que todo fuera a su condición, o por lo menos ver y es todo, ver las señoras de edad avanzada que al parecer lo único que les importa es regresar a su casa cargadas con diez bolsas de ropa nueva, ropa que usaran para salir de compras de nuevo, caminan y entran en una tienda y otra sin darse cuenta del tipo de 18 años que las ve con atención, si quiera sin sentir algo de remordimiento o sentirse acosadas, nada.

A pesar de todo me parece un bonito lugar, con bonitas personas.Que irónico.

Tal vez sea porque no tenia compañía, le doy mucha vuelta a las cosas, me agrada y a la vez lo detesto, siento envidia de los animales, de los que razonan y de los que no razonan aún más. Cómo puede suceder eso... Me agradan estos días, días que son completamente comunes, mediocres, aunque me gustaría tener un frappe como el de la chica rubia que vi subiendo al camión en el que yo regresaba a casa. Tenia una nariz grande y recta, pero delicada, el cabello largo y ondulado, tes blanca, labios rosas, largos y delgados y unos ojos color terracota, era hermosa,dejé de leer y me concentre en la imagen que había grabado de ella, la repasaba una y otra vez en mi mente, la imaginaba con distintas iluminaciones y escenarios, luego vi que sonreía y ahora podía intercalar su imagen sonriendo cambiando a un rostro de indiferencia -eso lo hacia más interesante aún- creo que me enamore, me enamoró unas tres veces al día y me doy cuenta que éste sentimiento es completamente irrelevante e in trascendental, una banalidad y no más. Le atribuimos el valor a las cosas según las repeticiones con las que ocurre en nuestra vida, un ejemplo es el día de tu boda, bueno ahora ya lo puedes hacer infinitamente, pero se supone que solo debe ocurrir una vez, y siguiendo esta tradición decimos "es el mejor día de mi vida" pero ahora las personas se casan una y otra vez dispensándose diciendo que nunca es tarde para enmendar los errores y empezar de nuevo -que estúpidos- entonces sí eso ya se vuelve algo común con cada vez más repeticiones al igual que el estado de enamoramiento... este pierde su valor. Eso es lo que pienso pero en el recorrido que hace el camión veo el lugar donde solía sentarme con una persona de la cual estaba/estoy enamorado, y la verdad me es completamente indiferente pero porque no pensaba eso en el momento que estaba sentado ahí, y rememoro que es lo que pensaba en ese preciso momento; "Me la paso bien".

Por eso repasaba una y otra vez la imagen de la chica con el frappe, porque a mi también me gustaría tener uno, pero no quiero comprarlo.

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